Empezó perdiendo a los dos minutos, pero reaccionó con un golazo de Angulo y lo liquidó a través de Plata en el ST. El equipo de Beccacece sumó 4 puntos en el Grupo E y sacó boleto a la próxima fase entre los mejores terceros.
El fútbol es un deporte de momentos, de fe y, sobre todo, de resistencia. En el imponente Estadio de Nueva York / Nueva Jersey, bajo la mirada de más de 80.000 almas, la selección de Ecuador escribió una de las páginas más gloriosas de su historia mundialista. Contra todos los pronósticos y la lógica previa, la indomable La Tri dirigida por Sebastián Beccacece derrotó 2-1 a la poderosa Alemania en la última fecha del Grupo E, logrando una clasificación agónica pero merecida a los 16avos de final de la Copa del Mundo como uno de los mejores terceros.
Un inicio cuesta arriba
El panorama inicial era desalentador. Ecuador arrastraba apenas un punto tras caer con Costa de Marfil y empatar sin goles ante Curazao. Al frente estaba una Alemania ya clasificada y arrolladora, comandada por Julian Nagelsmann. Las dudas parecieron convertirse en pesadilla cuando apenas al minuto 2 de juego, una desatención defensiva permitió que Florian Wirtz filtrara un balón preciso para que Leroy Sané, con la jerarquía que lo caracteriza, definiera cruzado ante la salida de Hernán Galíndez. Era el 1-0 y un golpe de nocaut prematuro.
Sin embargo, si algo ha inyectado Beccacece a este plantel es el fuego sagrado de la rebeldía. Lejos de desmoronarse, Ecuador adelantó líneas de inmediato. Al minuto 9, Pedro Vite recuperó un balón clave en el mediocampo y asistió con rapidez a Nilson Angulo. El joven atacante no lo dudó: sacó un bombazo teledirigido desde fuera del área que se coló de forma milimétrica junto al vertical derecho de un Manuel Neuer que voló solo para la foto. Un golazo descomunal para poner el 1-1 y devolverle el alma al cuerpo a todo un país.
Resistencia táctica y desahogo final
A partir de ahí, el partido se transformó en una batalla de estrategias. Alemania dominó la posesión del balón (cercana al 60%), moviendo la pelota con la categoría de Joshua Kimmich y Jamal Musiala, pero se topó con una muralla defensiva inquebrantable liderada por Willian Pacho y Piero Hincapié. Los duelos físicos se volvieron rústicos, costándole tarjetas amarillas al propio Hincapié y a Alan Franco antes de irse al descanso. Al inicio de la segunda mitad, el suspenso aumentó cuando el VAR intervino para anular un penal que el árbitro le había concedido a los europeos, manteniendo con vida las ilusiones tricolores.
Beccacece movió sus fichas con audacia a la hora de juego, dando frescura con los ingresos de Kevin Rodríguez, Ángelo Preciado y, más tarde, Pervis Estupiñán. La recompensa a tanto orden y sacrificio llegó en el minuto 77. Tras un tiro de esquina y una serie de rebotes que la zaga alemana no logró despejar, el esférico le quedó servido a Gonzalo Plata. Con el instinto de los elegidos, Plata metió la pierna con alma y vida para empujar el balón al fondo de las redes. ¡2-1! El estadio estalló en un grito ensordecedor que unió a Nueva Jersey con Quito y Guayaquil.
Los minutos finales fueron de puro sufrimiento y drama. Alemania volcó todo su arsenal ofensivo con el ingreso de Deniz Undav y Pascal Groß, pero Moisés Caicedo se multiplicó en la mitad de la cancha para morder cada balón como si fuera el último. Ni siquiera la amonestación de Plata al 89′ mermó el ímpetu defensivo de un equipo ecuatoriano que aguantó las embestidas con uñas y dientes hasta el pitazo final.
Con este triunfo histórico, Ecuador finalizó en el 3° puesto del Grupo E con 4 puntos. Gracias a la combinación de resultados y la diferencia de goles, La Tri se aseguró su lugar en los 16avos de final como uno de los mejores terceros del torneo. La era Beccacece suma su primer gran hito: Ecuador está entre los mejores del planeta y la ilusión sigue intacta.