Soy Gastón Greco, un simple emprendedor chaqueño que un día desarmó un zapato, vio cómo estaba hecho y se lanzó a fabricar. En 2015 le mandé un par a Macri y a los pocos meses se los vi puestos en un diario. Ahora diseñé el calzado de la Selección en Rusia. Todo al pulmón y con mucha pasión.
Mi historia podría ser la de cualquier pibe que viene del Interior a estudiar y a hacer un mango en Buenos Aires, pero con un final de novela, soñado. Me llamo Gastón Greco y nací hace 29 años en Chaco, aunque me vine a vivir a Capital para cursar la carrera de Arquitectura. En la facultad me iba bien, pero a mis días le faltaban un poco de adrenalina, y de dinero. Y un día me decidí a emprender. Con un cuchillo desarmé un zapato que me quedaba cómodo, me fijé de qué estaba hecho y pensé: “No puede ser tan complicado hacer esto”. No tenía contactos, capital ni experiencia, pero sí mucho huevo. Mi vieja me prestó 5.000 pesos que cuidé como un lingote de oro y me lancé.
Después de muchos intentos fallidos, una fábrica me abrió sus puertas y casi que me mudé ahí adentro. Para mí era un parque de diversiones, aunque nada fue fácil. Los muchachos de la fábrica me decían “Muestrita”, porque nunca terminaba de sacar mi producto al mercado. Vendía dos pares (a amigos, claro) y hacía cuatro; o vendía cuatro y hacía seis. Y así. nunca, jamás, dejé de soñar con que el mundo hablara de mi marca. Y lo logré.
Elegí un diseño simple, cómodo, formal e informal al mismo tiempo. Negros con plataforma blanca alta, un pequeño logo en la lengüeta, otro en la suela y una bandera argentina en la parte del talón. Hice 40 pares para los muchachos, el cuerpo técnico y los dirigentes a cargo de la delegación. Agarré mi Fiorino y me fui para el predio. Enganché a un par de jugadores, porque aún no habían llegado todos desde Europa. Volví al otro día y el entrenamiento se suspendió por lluvia. La tercera fue la vencida. Vi a Di María, a Mache y a varios más. Quería ver a Messi, pero me quedé unas cuantas horas y no apareció. Al lado mío estaba Daniel Osvaldo, que había pasado a saludar a los muchachos y siguió esperando un ratito más. Llegué a casa y vi que el Loco había publicado una foto con Messi. ¡Me quería morir! Ahora, la imagen con la que sueño es la de Leo bajando del avión con la Copa en la mano y mis zapatos en los pies. ¿Qué más se puede pedir?